jueves, 23 de junio de 2011

El principio del fin

"Los sueños son los amigos de la locura, que acompaña a la miseria"

Había alboroto en la habitación, mucho alboroto. De pronto una melodía con contrastes y texturas invadió mi pensamiento; Era claro de luna, una canción que mi papá solía tocar por las noches cuando estaba en casa, sus notas eran tristes, era muy interesante, ver a mi papá tocar movía mi corazón.Recordé algunas cosas, imagenes claras y precisas pero que volaban rápidamente, no me dió mucho tiempo. Por un momento estaba en casa paseando por el jardín, claro de luna era mi soundtrack, James se alejaba. Y he ahí mi agonía.
De pronto una nube se lo lleva todo, y con ello un sonido perturbador...
Música sin corazón, hecha en un computador con herramientas novedosas, mezcladores y una chispa intencional de suicidio, sonidos pegajosos como abejas, coros que se repiten sin piedad y todo acompañado de teclados eléctronicos endemoniados.Era la música de Anahí; eléctronica, abrí los ojos, y pude notar una silueta a lo lejos...era ella.

Anahí parecía estar muy entusiasmada, su música, ella, el cepillo de cabello, todo eso hacía de la ocasión  una bonita escena de película americana, con todo y su cerezita en el tope.
—Elizabeth... ¿Qué te parece? —me mostró una blusa rosa chillante, unos bermudas, y las zapatillas de verano más cursis que he visto en mi vida—
 Modelaba el conjunto mientras saltaba de la alegría, entusiasmada por la ocasión del famosísmo "primer día de clases" daba vueltas por toda la habitación como mariposa en primavera.

-Muy.. muy... ¿Rosa? ¿Son los zapatos? ¿Qué le sucede?- No entendía nada de lo que pasaba a mi alrededor.

—Está muy bonito     —tengo que admitir...me mordí la lengua después de decir eso—
—¿Qué usaras para hoy?
—Pues unos jeans...
—Oh...
-¿Qué?, ni que hoy me fuera a casar- No lo pensé dos veces y me metí a bañar. Salí y me puse lo primero que encontré. Los jeans azules que tanto odiaba mi mamá.
-Genial, ahora si puedo hacer lo que quiera-
La música electronica me tenía harta, le pedí a Anahí que bajara el volúmen, ella accedió y puso otro CD, uno extraño, igual que todos los demás.
Anahí cepillaba su cabello constantemente y se veía al espejo, Yo lo hice y lo único que se me ocurrió fue ponerme una bandita roja, para acomodar mi flequillo. Acomodé mis libretas y mis plumas, llevaba conmigo el horario y todas las ganas de perderme en el campus para no tener que tomar clases.

—Te veo en clases, que tengas un esplendido día, muchísima suerte...
Anahí soltaba uno de sus sermones cursis, aunque no me conociera mucho me decía cosas profundas, de esto me tendría que acostumbrar, lo haría desde ahora y para toda la eternidad...

—Bueno te veo en clase de historia—   interrumpí después de sus alagos y deseos de buena fé.
—Claro, que te diviertas.
—Ten un lindo día Anahí, gracias.
—¿Porqué?
—Fuiste muy amable, ¿sabes? me agradas -apesar de tu pésimo gusto músical- pensé. Eres muy alegre, y creo que tu solita podrías poner de buen humor a todo el mundo.
—¡Gracias! su sonrisa relució más de lo normal Tú también me agradas mucho.

Tomé mi mochila y me dirigí afuera, Anahí dejo de caminar junto amí unos 5 minutos después, cruzo un pasillo, entro a un aula y no la ví más.
No me gustaba la alternativa pero aunque estaba haciendome tonta "no encontrando mi salón" mi sentido común me decía al oído que eso era lo más infantil del mundo, y que ir al salón que me asignaron era lo más razonable, por no decir la única opción que tenía en aquellos momentos.
Me preparé psicológicamente para entrar al salón, en esos momentos estaba vacío.
-Uf que genial- Me dirigí a la segunda fila, mi vista no era muy buena, pero no quería ser de la primer fila;
-Así no podré dibujar en clase- pensé.
La clase se trataría sobre química, en eso ví a mi profesor entrar.
El profesor Víctor es de esas personas que nunca olvidarás en tu vida.Tiene una clava gigante, un bigote medio calvo, y las orejas humanas más grandes que he visto.Se viste como en una película de Austin Powers, y habla con mucho acento español. Cuando digo MUCHO me refiero a MUCHO.Tanto que aveces ni se le entiende...
—Buenos días señorita.
—Hola...-debo de admitirlo, sonaba como una floja, no había dormido muy bien, te contaré luego...-
— "hola..." —Me imitó en voz baja y apagada— Menudo ánimo traen aquí compañera ¡Arriba! Despierte.
Al notar su acento no pude evitar reír.

1 comentario:

  1. Muy buena tu historia, yo tambien tengo un maestro llamado Victor que habla con mucho acento español *o* solo que el enseña inglés.

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