"Para aquellos que temen y se oponen al cambio, abre los ojos, realidad todo cambia repentinamente, y sin avisarnos."
Era domingo, el sol brillaba. Estaba tibio afuera. Desperté, sabía lo que me esperaba; Mis maletas estaban hechas, y sólo faltaban algunas pizcas de motivación para levantarme del sofá donde me había quedado dormida hasta tarde, viendo televisión en casa, por última vez. »Extrañaré mucho mi hogar« pensé. Mis ojos se tornaron brillosos al recordar todo lo que había vivido ahí. Mi casa era acogedora, extrañaría mi habitación, el estudio, el jardín, ¡Hasta el baño!. Lo mejor de toda la casa, mi familia. Mis padres. Soy hija única, así que no extrañaría a nadie...excepto por él.
—Así que...¿Te vas?— Bruno parecía estar molesto en lugar de triste o melancólico.
—Así es, como te expliqué; así es mejor para mis padres...— Trataba de sonreír, no podía, en realidad yo no quería ir a ningún lado, de hecho, ni siquiera quería ir a Canadá. Prefería mil veces estar en casa.
—Es que si tú hablaras con tus padres, esto no estaría sucediendo.—
—Me tendría que ir de todos modos. Mis papás están muy...
En un instante Bruno me sumergió en un abrazo, triste, y muy dramático, pero fue un memorable abrazo. Como una cárcel, de donde no podría escapar.
Aún sin soltarme, me pidió que me cuidara, que siempre estaría ahí para mí, que nunca lo olvidara.Y muchas cosas más. De pronto miles de recuerdos se vinieron a mi mente.Como miles de imagenes que pasaban frente a mí, sin darme tiempo de hablar, me recordaban todo lo que había vivido con él.
Bruno es un año mayor que yo, pero ése nunca fue un problema, él había sido mi amigo desde la primera vez que visité aquel parque cerca de el lago. Aquel día nublado y frío, aquel día en que llovió y me quedé en su casa, aquel día donde apenas tenía 8 años.
—La escuela...¿sabes? va a ser duro sin ti, te voy a extrañar demasiado.
—Yo también, espero que nunca me olvides.
—¿Cómo podría?— Bruno sonrió.
Ya eran muchas despedidas, El viernes en la escuela me despedí también de todos mis compañeros, algunos parecían indiferentes, Otros parecían intrigados, les parecía "genial" ir a una escuela así, Otros me desearon buena suerte, otros pensativos. Como si dudaran, como si fuera una mentira.
Aquella mentira, era más real que todas mis emociones.
Me despedí de Bruno, me había citado en ése lago, para la gran despedida. Me regalo un CD que había preparado para mí, pero le prometí que lo vería hasta llegar a Nueva York. Me dió un beso en la mejilla y desapareció segundos después tras una nube de polvo. Se había marchado en su bicicleta.
Le pedí que no me acompañara a casa porque quería dar una gran caminata a solas, para organizar mis ideas. Cada paso se me hacía enterno, el viento sobre mi rostro, las pequeñas gotitas de lluvia sobre mis hombros, era perfecto.
Como de costumbre llegué a casa, tomé la sección de cómics del periódico, y me dirigí a la cocina por un refrigerio. Mi madre estaba ahí.
—Te vas a Nueva York en media hora, ¿Todo en orden?
—Así es—hice un gesto.
—¿Ya están las maletas? ¿No olvidas nada?
—Sí y no.
—Bueno...—Mi madre trató de sonreír.
Tal vez era un poco dura con ella, pero todo esto era un gran sacrificio para mí.
—Cariño, esto es por tu bien, esta es una de las mejores escuelas, es por tu futuro.
—Está bien mamá...
—Uno no puede ir por la vida sin ningún tipo de conocimiento sobre la educación, Deberías estar agradecida de que podemos pagar esta escuela.
—¡Está bien! Ya entendí ¿Podrías dejarme a solas?
Sólo mi progenitora podría amargar mi refrigerio. Mi mamá abandonó la cocina como fiera, ardía por dentro.Mamá atravesó el pasillo, y tropezó con James, mi perro que tiene la mala construmbre de dormir en medio de los pasillos de la casa. Se escuchó un grito humano, y un gemido perruno y acto seguido apareció James con una exalación, como asustado.
—No te precupes James— Dije mientras acariciaba su cabesita.—Mamá está molesta, eso es todo. No pasará nada malo, sólo me voy por unos cuantos días, Papá y Mamá cuidaran de ti, en Canadá. Tengo entendido que allá hace mucho frío. ¿Estarás bien sin mi? -Oh si que lo estarás, pequeño travieso-.
Terminé de mimar a mi perro, y me despedía de la casa... de pronto llegó Papá.
—¿Todo en orden Eli?— Me miró.
—¡Sí! todo está perfectamente *perfecto*. Papá notó mi sarcasmo.
— Vamos, hemos hablado de esto los últimos 3 días, para el drama chiquilla.
Odiaba que me llamara chiquilla. Subí al carro, y me mantuve callada todo el camino al aeropuerto.
—Cuida de papá. Ten paciencia con James. No es sólo un perro mimado, como sueles llamarlo.— Dije en un tono bastante frío mientras sacaba mis maletas del coche.
—¡Quien sabe! Tal vez y me convierto en una chica súper estudiosa y superada. ¡Esa que quieres que sea!
— Que graciosa Elizabeth— Respondió ella, al mismo tiempo que me daba un abrazo.
Después se unió papá. Me dijeron palabras "alentadoras" y "positivas".
—¡Que te diviertas! Haces muchos amigos.
Papá se acercó a mí y me dió un beso de eso que retumban por todo el lugar.
Lo siguiente que recuerdo es el coche marchándose.
Entre al aeropuerto. Tomé mi boleto.
- !Qué día tan loco!- pensé.
Tomé el vuelo a Nueva York. Estaba realmente nerviosa.
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