miércoles, 6 de julio de 2011

Una mirada importuna

La clase de Historia había transcurrido rápido, las de Inglés también. No hacíamos nada, ni siquiera copiábamos teoría o aprendíamos algo; simplemente los profesores se sentaban en aquella silla marrón y explicaban como impartirían sus clases, explicaban sus objetivos, y los puntos de importancia, tales como: la obedencia y el orden. De vez en cuanto hojeaba mis cuadernos, blancos, vacíos y sin vida. Sin un alma o un objetivo; al igual que mi estado mental, en esos momentos.  Me entregaron algunos libros, uno de Historia -increíblemente grueso- y dos delgados de Inglés. Los puse en mi pequeña mochila, y me molestó que con forme el día avanzaba, esta se hacía cada vez más pesada. No le tomé mucha importancia, la maestra de Inglés nos explicó que al final del día nos asignarían un casillero. Cuando finalizó la clase y caminaba atravez de los pasillos para llegar al salón de Artes, hice una pausa para mirar el cielo azul por la ventana,ví el resto del campus pero a lo lejos ví una colina asomarse, era verde y me recordó mucho cuando jugaba en el jardín con Bruno, de pequeños. Me dio nostalgia y recordé que  ni siquiera había visto su regalo. Me sentí culpable pero de inmediato reaccioné y con una muy buena excusa musité aquellas palabras:
"¿Cómo escucharé ese CD si Anahí no suelta la grabadora?"
Alguien que me observaba apareció  en el umbral del pasillo, se posó detrás de mí y sin pensarlo dos veces me preguntó:
—¿Qué haces hablando sola?
—¿Qué?    —me tomó por sorpresa, por poco le doy una cachetada—
—¿Estás sorda?
—Disculpa, no estoy hablando sola, estaba pensando en voz alta.
Era una chica aparentemente menor que yo, su cabello rojizo y risado caía por debajo de su barbilla y cuando hablaba sus ojos negros mostraban una mirada fija, parecía querer asesinarme, pero al mismo tiempo se mostraba indiferente.
—No lo hagas, pareces una demente.
—Pero...
—Simplemente no lo hagas. —dijo en un tono bastante frío—
Y sin rencor, sin odio, más bien con una tierna amargura me dijo "Adiós"
—Está bien  —traté de sonreír—  La chica no me correspondió, y siguió su camino, todavía sin apresurarse salió del pasillo mirándome de reojo.
-Que miedo...-
Con esa sensación extraña en el pecho, entré al salón de artes, acomodé mis cosas, y esperé algo que sin duda me desepcionaría.

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