"El aula estaba casi completa... la clase apenas comenzaba y con ella toda una comedia..."
El profesor tenía un aspecto de loco, saltaba de aquí para allá acomodando sus cosas, mariposeaba alrededor de su escritorio mientras reía y hablaba consigo mismo. -Que extraño- pensé, aunque tan sólo unos momentos atrás yo hacía lo mismo. Vestía un saco café que lo hacía ver elegante, mientras su actitud y su cabello alborotado reflejaban todo lo contrario, su caminar era extraño, tenía un aire excéntrico, que aunque no lo conocía me inspiraba curiosidad.... y en el fondo del aula, yacía Leonardo sentado en un pupitre para dos; prófugo de la justicia, rebelde por naturaleza, protestante a cualquier cosa que se oponga al libertinaje, un espíritu libre, una de esas personas que a no le teme a nada ni a nadie.
Su piel blanca, su cabello largo y con rizos, la valentía en en sus ojos azul electro y por último un corazón de hielo.
Entré apresurada al salón siendo la sombra un chico alto que venía delante de mí, estaba muy nerviosa... ¿Sería aquel muchacho de ojos azules? No lo creo, mejor dicho... no lo sé, pero que estaba temblando... sí.
Él estaba serio y cabizbajo cuando entré al salón alzó la mirada para verme, pero de nuevo la bajó, perdiendo todo interés en mí.
— ¡Buenos días compañera! — Gritó el profesor— a lo que contribuye un comentario "alegre"
— Buenos días profesor...
— Profesor Peter, pero por favor, ¡No me llame así! Aquí soy su amigo Peter. ¡Listos para sacar a nuestro artista interior!
— Muy bien — reí un poco— Ustedes no saben lo que es tener a un excéntrico hablándote de frente, mirándote fijamente a los ojos, gritando, sacudiendo sus manos, todo eso intentando no reír. El chico alto tomó asiento a lado de otra chica, dejando algunos pupitres sin ocupar, pero no... el profesor dijo aquellas palabras:
— Ok, puedes tomar asiento por allá ¿te parece?
Justo en esa sección del aula, claramente el dedo de el profesor apuntaba a esa fila, y sin dudarlo era en ese pupitre, perfectamente a su lado.
Ok, ok.
Estaba muy nerviosa, mientras me aproximaba a sentarme, sentía que mis piernas se fijaban a suelo, mis rodillas temblaban y no podía dejar de pensar;
-¿Cómo podría? ¿Cómo? ¿Porqué alguien a quién no conozco me llama tanto la atención? ¿Qué tiene él?-
Tomé asiento, saqué mi cuaderno de dibujo, por si acaso lo necesitaba. Lo miré de reojo, pero parecía estar muy ocupado con su libreta, al parecer nisiquiera notó que me había sentado justo alado de él.
Adelante de mí, un muchacho con ojos esmeralda, volteó a verme y me sonrío.
-¡Gracias! Esto era lo que necesitaba, una bienvenida para sentirme más cómoda-
—Hola me llamo Elizabeth — susurré— el profesor estaba a punto de empezar la clase.
— Hola, soy Charlie.
— Mucho gusto.
Charlie parecía ser mucho más grande que yo, por eso me sorprendió verlo en esa clase, tenía unos ojos muy bonitos, y su cabello despeinado era negro como la noche.
—Hey —le dije a Charlie— ¿Quien es el chico de los rizos?
— Se llama Leonardo…
-L-e-o-n-a-r-d-o- Aquel nombre tan perfecto, aquella mirada tan misteriosa, sin dudas esto me estaba matando.
—¿Y que hace por su vida?
— Es un chico rudo, ya sabes, toca la guitarra y tiene su propia banda. Es inteligente, bueno creo que mejor dicho es muy profundo.
—Oh...
—¿Porqué lo preguntas? Su sonrisa era insinuadora
—No-no nadamás.
En eso, Guillermo, el chico que se ofreció a llevar mis maletas, cruzó la puerta y se sentó junto a unos cavernícolas que hablaban en voz alta sobre el fútbol.
—¡Yo conozco a ese chico!
— ¿Enserio? ¡Todas las chicas de éste campus lo hacen querida Elizabeth!
— ¿De qué hablas? noté el sarcasmo en su comentario
— Pues es un jugador de fútbol americano de la escuela, el típico chico popular, galán y altanero que sale con porristas descerebradas, tontas, o realmente idiotas.
— ¿Estás seguro? Talvez es "Chico popular, galán, altanero, descerebrado, tonto o realemte idiota, que tiene citas con chicas relativa mente iguales que él" —Reí silenciosamente y él también lo hizo.
— Sí, él y las porristas son casi iguales, pero ¿sabes? tiene su lado bueno…
— ¿Cuál?— Imaginé que era diría algo acerca de su amabilidad con los desconocidos, ya que él me había propuesto su ayuda con las maletas muy desinteresadamente.
— Un día, el verano pasado, rescató a un gatito de morir en un trágico accidente de árbol.
¿Hablaba encerio? Charlie era extremadamente gracioso.
— Disculpen —Dijo el maestro— ¿Se conocen?
— No— respondimos ambos al mismo tiempo
— ¿Entonces porque hablan tanto?
— ¿Acaso no se puede hablar? —todos me miraron sorprendidos ¿Qué nunca habían odio a alguien discutir con un maestro?
— Mmmmh ¿Así que usted dice lo que piensa? eso me gusta, pero debe medirse un poco ¿No lo cree? —y el maestro siguió haciendo disparates de "arte" en el pizarrón—
— Que directa eres —lo notó—
— Lo sé, casi nunca me callo las cosas, creo que no me gusta.
— Pues amí me caíste bien —me sonrió
-¡Oh! que linda sonrisa tenía-
— Tu igual, fue lindo conocerte
— Gracias.
— De nada —sonrió—
— Puedes venir conmigo, en el receso, es después de ésta clase, digo, si quieres...
— ¡Claro! — le contesté—
Bien jóvenes, vamos a hacer un ejercicio muy "cool" —el profesor continuaba siendo extraño—
Vamos a despejar nuestras mentes, y haremos un dibujo para ocupar toda esa energía que traen. Aquí están las herramientas de todo artista, de todo un poeta listo para plasmar sus ideas en este lienzo.
Todos se acercaron a tomar pinceles y delantales, también había sobre la mesa unas pinturas acrílicas muy pequeñas y chistosas, sus colores eras chillantes y alegres.
Me senté y cerré los ojos, "despejé" mi mente y dejé que las ideas aterrizaran en mi cabeza. Palabras, imagenes, sonidos, todo venía a mí, era mi hogar.
Ordené las cosas para que mi dibujo fuera coherente, y "bonito", utilizé una gama de amarillo y anaranjados para crear un atardecer.
—Lindo —susurró una voz atrás de mí— ¿Cómo conoces ese lugar?
—¿Lugar? —Volteé y lo ví— Era Guillermo
— No lo conozco, quizás te estás equivocando.
Acepto que fui un poco descortés y fría pero, Charlie era de mi agrado, no quería estropear lo que apenas comenzaba, creo que me me entusiasmaba mucho ser su amiga y al parecer Guillermo no era de su agrado.
— Ruda y talentosa…como me gustan.
— ¡OH CLARO! "Patán y descerebrado" tal cómo me encantan.
—¿Qué te pasa hermosa? ¿Sabes? No te he hecho nada malo, aún no me conoces...buenooooo, mmmmh —Sus ojos se movían mientras hacía una mueca con los labios, parecía estar pensando— me pareces conocida. ¿Nos hemos visto antes?
…¡Pero que estúpido! Su actitud era simplemente de un patán. Y su cerebro muy pequeño como para recordar que me había visto el 1er día, cuando se ofreció para cargar mis maletas.
— No lo creo,adiós.
—Esta bien, pero luego no regreses amí desesperada por un poco de "esto", y "esto" ¡Rawr! oh sí —Decía mientras mostraba los músculos de sus brazos—
En eso, uno de sus movimientos bruscos hizo que la pintura anaranjada cayera sobre su camisa.
—¡JAJAJA!
—¿Estás loca? ¿Sabes cuánto cuesta esto?
— Mira el lado positivo cariño, ahora tiene un diseño colorido.
El profesor se acercó lentamente, y elogió mi trabajo
— Me encanto su trabajo, tendrá unas excelentes calificaciones conmigo
— Eso espero —le sonreí—
— Claro que si, mmmmh, y usted Guillermo... vaya a cambiarse, parece un pez anaranjado.
El resto de el salón rió un poco, por el comentario del profesor, en cambio Guillermo salió enfadado, refunfuñando y sacudiendose la pintura de la camisa.
—Eli, apenas es el 1er día y ya manchaste de pintura a el descerebrado Guillermo —comentó Charlie con una sonrisa en el rostro— ¿Está bien si te digo Eli?
—Sí, está bien. —Le sonreí—
De pronto sonó el alegre RIIIING; y con eso recuerdo ver a Leonardo abandonar el aula... me robó un suspiro y guardé su recuerdo, un recuerdo de luz...
Ese patán de Guillermo, se lo merecia jajaja
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